domingo, 13 de mayo de 2012

Prólogo de la Obra


Tal como lo indica su título, se trata de un libro de apasionante lectura cuyo contenido estimula al lector a realizar una fascinante travesía intelectual al final de la que podrá constatar la manera en que se originó y evolucionó la industria naval hasta alcanzar los más altos niveles de perfección tecnológica de la actualidad primero a escala mundial y luego en el plano nacional.


Desde los remotos tiempos prehistóricos, el devenir del género humano pone de manifiesto los incesantes esfuerzos desplegados por los primeros pobladores del planeta con el fin de domesticar animales y adaptarse al hábitat que les circundaba, satisfaciendo así sus necesidades básicas frente a las inclemencias de la naturaleza y esforzándose por dominar los inmensos espacios terrestres en los que con el tiempo erigieron naciones-estado, luego países y finalmente imperios.


Esas civilizaciones antiguas, empezando por los egipcios y continuando sucesivamente los sumerios, chinos, fenicios, griegos y romanos, entre otras culturas, una vez culminado el proceso de ocupar los espacios terrestres, ignorando tal vez que las tres cuartas partes de la superficie del globo terráqueo estaba cubierta por agua, entonces se dedicaron a la conquista de las cuencas fluviales, de los lagos, de los mares y de los océanos. De esa forma surgió la talasocracia, una suerte de sistema a un tiempo naval, comercial y bélico a través del cual los pueblos estaban en capacidad de extender sus dominios territoriales y ampliar la esfera de influencia de sus respectivos imperios.


De la misma manera en que el hombre primitivo inventó el arco, la flecha, el hacha y la lanza para la pesca y la caza, al igual que otros instrumentos para su defensa personal, también sintió la necesidad de inventar otros artefactos y construir embarcaciones que les permitieran estar en condiciones de enfrentar y superar los continuos retos que el mar les planteaba en su constante afán por establecer relaciones comerciales con otros pueblos y en su cada vez más creciente necesidad de utilizar sus flotas navales para guerrear, ora defendiéndose de ataques foráneos, ora embistiendo adversarios a los que se proponían someter a sus dominios imperiales.


La historia de la relación del hombre con el mar y los océanos, lo mismo que la evolución de las embarcaciones marítimas, desde las formas más simples a las más complejas y modernas, se encuentra admirablemente narrada en el libro Océanos de tinta de papel. Historia de la navegación y del desarrollo marítimo dominicano, que con motivo del 90 aniversario de su fundación ha auspiciado la empresa naviera dominicana B&R y cuya redacción ha sido confiada al reconocido escritor, crítico literario e historiador Miguel Reyes Sánchez.


II


Tal como lo indica su título, se trata de un libro de apasionante lectura cuyo contenido estimula al lector a realizar una fascinante travesía intelectual al final de la que podrá constatar la manera en que se originó y evolucionó la industria naval hasta alcanzar los más altos niveles de perfección tecnológica de la actualidad primero a escala mundial y luego en el plano nacional.


La obra consta de cuatro capítulos en los que Reyes Sánchez estructura un novedoso discurso narrativo que permite apreciar cómo los precursores de la navegación, a partir de las civilizaciones más antiguas, iniciaron sus actividades náuticas con el fin de dominar el mar y los océanos, mediante la construcción de sencillas embarcaciones, desde la balsa hasta las célebres carabelas que iniciaron la era de las circunvalaciones y de las grandes exploraciones que condujeron, en las postrimerías del Medioevo, al descubrimiento, conquista y colonización de territorios hasta entonces desconocidos por el Viejo Mundo.


El continuo progreso tecnológico y científico experimentado por la industria naval hasta la época contemporánea es prolijamente descrito por el autor a lo largo de la obra. Cada capítulo lleva anejo un conjunto de comentarios y de notas explicativas que tornan la lectura mucho más enriquecedora por la diversidad de informaciones que ofrece el texto, circunstancia que permite al lector ampliar sus conocimientos respecto del arte de la navegación y del quehacer marítimo a escala planetaria.


El cuarto apartado de la obra concitará especial atención debido a que presenta una suerte de cronología de la historia naval y marítima en la República Dominicana. De particular interés resulta la narración que nos ofrece Reyes Sánchez en torno al origen de la Marina de Guerra Dominicana, durante los días gloriosos de la proclamación del Estado nación en 1844, al igual que la evolución de la Marina Mercante nacional desde los albores del siglo XIX.


De la lectura atenta de este capítulo, el lector emerge con una noción sobremanera objetiva acerca de la cultura y del legado navales que en las postrimerías del siglo XV el incipiente pueblo dominicano recibió de los españoles conquistadores. Y es que, según hace constar el historiador Emilio Rodríguez Demorizi en su documentada obra La Marina de guerra dominicana, 1844-1861, la historia naval de América tuvo sus inicios en la otrora isla Española, preferida y amada por el Gran Almirante Cristóbal Colón, hasta el punto de que por voluntad testamentaria sus restos mortales debían reposar –y reposan- aquí en la ciudad de Santo Domingo.


En efecto, la Española fue el punto de partida de la casi totalidad de las expediciones descubridoras y conquistadoras del llamado Nuevo Mundo; y fue tal la importancia geopolítica que adquirió la isla de Santo Domingo, que como bien destaca Reyes Sánchez en su magnífico libro, en diferentes épocas sus habitantes fueron víctimas de ataques foráneos y de saqueos por parte de los ingleses Sir Francis Drake, en 1585, William Penn y Robert Venables, en 1655; mientras que en algunas de sus costas la isla fue asiento de piratas, corsarios, bucaneros y filibusteros. Siglos después de esas desventuras, el Gobierno dominicano rendiría tributo al célebre nauta genovés, cuya hazaña en 1492 le permitió completar el mundo, erigiendo un majestuoso Faro a Colón, que, al decir de Rodríguez Demorizi, constituye el “máximo monumento de glorificación de un navegante, luz perpetua encendida al paso de los modernos argonautas”.


En este punto conviene resaltar uno de los aspectos del presente libro que le confiere un valor agregado sencillamente inestimable: me refiero a las maravillosas fotografías, estupendos grabados, espléndidas reproducciones de valiosos mapas antiguos y cartas náuticas que a manera de imágenes ilustran y complementan el contenido de la obra.


Según la teoría historiográfica moderna, el uso adecuado de imágenes en determinados textos deviene un instrumento indispensable pues, además de la función estética de las imágenes, éstas representan un documento o testimonio histórico tan útil como cualquier otro vestigio del pasado que en definitiva conformará el material con el cual el historiador reconstruirá la parte del pasado objeto de estudio. En tal sentido, la acertada selección de estos recursos visuales, que Reyes Sánchez ha utilizado en forma óptima y magistral para enriquecer notablemente su libro, posibilitará que los amantes de historias navales y marítimas imaginen el pasado de un modo más realista.


III


El autor de esta formidable crónica de la navegación y del desarrollo marítimo dominicano, es abogado de formación con estudios de postgrado en diplomacia, tanto en universidades norteamericanas como europeas. Por sus múltiples aportes a la sociedad dominicana ha recibido numerosas distinciones lo mismo del Gobierno dominicano que del Congreso Nacional, al igual que de instituciones culturales y académicas.


Su producción intelectual es prolífica. Incluye estudios jurídicos, diplomáticos, ensayos de carácter literario así como temas históricos. Es precisamente en la narrativa, en el ámbito del ensayo y de la crítica, en el que Reyes Sánchez ha hecho sus mayores contribuciones al estudio y difusión de las letras nacionales.


Consciente, sin embargo, de los nexos existentes entre la literatura y la historia, Reyes Sánchez también ha incursionado en el cultivo de ensayos sobre temas históricos, cosa que ha hecho con admirable rigor metodológico, logrando estructurar textos narrativos de elevado nivel académico. Entre sus obras más conocidas en el campo de la historia cabe mencionar las siguientes: Desafíos de fin de siglo, América Latina en el umbral del nuevo milenio y Perspectivas actuales de la República Dominicana, Historia de las Relaciones Domínico Haitianas, que mereció el Premio Nacional de Historia “José Gabriel García”, que otorga el Ministerio de Cultura, entre otras.


Mis congratulaciones al historiador Miguel Reyes Sánchez por tan magnífico libro, el cual constituye un significativo aporte a la bibliografía nacional en materia de estudios náuticos; parabienes que hago extensivos a los ejecutivos de la naviera B&R por la conmemoración de sus 90 años sirviendo al país en el sector naviero y también por su acertada iniciativa de obsequiar al pueblo dominicano esta maravillosa historia titulada Océanos de tinta y papel. Historia de la navegación y del desarrollo marítimo dominicano: un texto que sin duda habrá de convertirse en permanente fuente de consulta para todo aquel que desee ampliar sus conocimientos sobre el origen y desarrollo de la historia naval y marítima del pueblo dominicano. Enhorabuena, pues.

Juan Daniel Balcácer
Académico del Número de la Academia Dominicana de la Historia

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